Sentarse…
sin huida posible.
Clavar la mirada en los ojos del dragón,
aunque tiemble el alma.
Asomarse al abismo,
donde la muerte respira cerca,
como frio aliento en la nuca.
Esto es zazen.
No es un refugio.
No es un bálsamo.
Es un horno inclemente
donde se quema,
lentamente,
el yo que duele.
** Muhaken **

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