La meditación es como una puerta en mitad de una vasta pradera. Cuando la atraviesas sigues en el mismo sitio. No hay nada nuevo al otro lado. La diferencia es que solo por atravesarla te has dado cuenta de donde estás.
Es en la práctica cotidiana y vivida con la totalidad de uno mismo donde se realiza verdaderamente el Dharma y el verdadero espíritu de los Maestros. La manera de hacer es el punto esencial, el secreto del Zen. Si os contentáis con una comprensión intelectual vuestra experiencia en la Vía del Despertar será superficial y poco eficaz. Pero si comprendéis a través de una práctica regular y fiel de las acciones mínimas de la vida cotidiana de cada día, podréis comprender profundamente a través de todo el cuerpo, a través del espíritu completo y podréis progresar de manera natural.
. La verdadera fuerza reside en el mundo espiritual y la verdadera fuerza de la defensa reside en protegerse contra el karma del enemigo. Si éste intenta daros muerte, la única elección es la vida o la muerte. Si sois débiles, podréis defender vuestro karma ni el de vuestro enemigo. Si sucumbís a su ataque, el enemigo es culpable y se convierte en asesino. Pero vosotros también habéis fallado, ya que por causa de vuestra debilidad le habéis permitido matar; su karma y el vuestro forman uno. Si el enemigo os ataca y lo matáis, sois vosotros quienes os convertís en asesinos. El resultado es el mismo, una vida ha sido destruída. Poco importa quien se equivoca o acierta. El enemigo es vuestra sombra. Vosotros y él no formáis sino una sola vida y matándole cometéis también un suicidio. Vuestro deber es defenderos, defendiendo al enemigo.
. Ante un oponente nunca levantes la mano el primero, a no ser que sea absolutamente necesario hacerlo. Entonces, que tu intención no sea matar o herir, sino solamente bloquear su ataque. Si el oponente continúa, podrás adoptar una actitud tal, que le muestre que lo mejor sería que desistiera.
. La verdadera Vía de las armas consiste en, no solamente en neutralizar al enemigo, sino en dirigirlo de tal forma, que abandome voluntariamente su espíritu hostil.
Morihei Ueshiba Maestro Fundador del Aikido Aikikai
Las Artes Marciales juegan con el peligro, con la muerte misma, con el sufrimiento. A través de entusiasmos y decepciones; de orgullos y de humillaciones; de esfuerzos y de laxitudes, el hombre se encamina hacia su propia libertad física y mental; material y espiritual.
"El verdadero practicante de las Artes Marciales, el Budoka, no es aquél que se contenta con dominar la técnica, sino aquél que enseña lo que ha aprendido.
Aquél que no quiere enseñar no es un Budoka: toma la técnica, pero no sigue la Vía."