La meditación es como una puerta en mitad de una vasta pradera. Cuando la atraviesas sigues en el mismo sitio. No hay nada nuevo al otro lado. La diferencia es que solo por atravesarla te has dado cuenta de donde estás.
Durante nuestra vida individual, experimentamos la ilusión de que somos una ola. Esto es, que somos algo "distinto" del mar cuyo movimiento ha provocado esa eventualidad que creemos ser. Como ola tenemos un origen, un recorrido, y un final. Pero la verdadera naturaleza de la ola es el mar, siempre ha sido mar, y siempre seguirá siendo mar.
Es posible que una ola, en su recorrido y al romper genere un movimiento que sea causa de otras olas u otros movimientos del mar. Pero aunque esa otra ola tenga una cierta relación causal con la primera, una ola es distinta de la otra. No son la misma ola en un sentido individual.
La ola que somos, se desarrolla por unas determinadas causas, se despliega y finalmente se disuelve. Pero la verdadera naturaleza de lo que somos nunca ha nacido. Y nunca morirá. El océano siempre es océano.
La mitad del sol oculto tras la montaña marca las 21:30 en la primera quincena de Agosto. A partir de ese momento la temperatura desciende rapidamente y tanto personas como aves abandonan la playa en menos de 10 minutos. Paralelamente en los bosques, los pajaros se han retirado ya a descansar y un denso silencio lo envuelve todo antes de dar paso a los sonidos de la noche. Son instantes mágicos. Si tienes alguna pregunta importante que hacerte a ti mismo, éste es un buen momento para hacértela